Cuando a un niño se le cae un diente de leche, lo más común es esperar al Ratón de los Dientes, guardarlo como recuerdo o simplemente tirarlo. Pero dentro de ese pequeño diente hay algo científicamente invaluable: células madre mesenquimales con un potencial regenerativo que la medicina moderna apenas está comenzando a comprender.
¿Qué son exactamente las células madre dentales?
Las células madre son células indiferenciadas con la capacidad de convertirse en distintos tipos de tejido: muscular, óseo, nervioso, cartilaginoso. Las que se encuentran en la pulpa dental de los dientes de leche —llamadas DPSCs, por sus siglas en inglés— son particularmente ricas y accesibles. A diferencia de las células madre de cordón umbilical (que deben recolectarse en el momento del nacimiento), los dientes infantiles ofrecen una segunda oportunidad.
¿Cómo funciona el proceso de recolección?
Working con BioEDEN, el laboratorio certificado líder en América Latina en esta especialidad, el proceso es el siguiente: el diente de leche es extraído en el momento de mayor vitalidad pulpar (justo antes de la exfoliación natural o con extracción programada), es transportado en un medio de cultivo especial en menos de 48 horas al laboratorio de criopreservación, donde las células son aisladas, caracterizadas y almacenadas indefinidamente a −196°C en nitrógeno líquido.
Las células quedan disponibles exclusivamente para el propio niño a lo largo de toda su vida.
¿Para qué sirven estas células en el futuro?
La investigación actual muestra aplicaciones concretas en regeneración ósea dental (implantes sin injerto), tratamiento de diabetes tipo 1, lesiones de médula espinal, enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer, regeneración de cartílago y tejido muscular cardíaco. La lista sigue creciendo conforme avanza la investigación.
¿Cuándo es el momento correcto?
La ventana de oportunidad es específica: los dientes de leche más ricos en células madre son los incisivos centrales y laterales inferiores, que generalmente comienzan a aflojarse entre los 5 y 8 años. Una vez que el diente pierde vitalidad pulpar, las células dejan de ser viables. Si te interesa explorar esta opción para tu hijo, agenda una consulta para evaluar el momento óptimo de recolección.
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